Mi Historia

Eric J. Dorado

El jueves 12 de abril de 1984, volví a casa de la escuela en bicicleta. La casa la encontré vacía, todos habían salido. Eché mi mochila a un lado y me puse a ver la tele. Poco después sonó el teléfono y lo contesté; una amiga de la familia me pedía entre sollozos incontrolables que me fuera al hospital. En lo que pedaleaba mi bicicleta, los gemidos de Yolanda repiqueteaban en mis oídos uniéndose al viento del otoño que parecía aumentar con cada minute. Finalmente, llegué al área de emergencia del Long Beach Hospital y encontré a mi mama con mi tía. Supe que algo nefasto había sucedido con mi papa. Mi mamá –con voz temblorosa- me dijo: ‘Es tu papá’. Le respondí: ‘Cómo está papi?’ Y rompió en llanto. Mi papá había fallecido.

Quebrantada y sumida en dolor y tristeza, mi mamá vendió nuestra casa en Long Island, NY y nos fuimos a la patria de mis padres: Ecuador. Los siguiente 4 años fueron un torbellino de experiencias y vivencias que culminaron con un reinicio espiritual.

Sin brújula

En 1988, sin brújula me aventuré a entrar a las oficinas del instituto de idiomas Benedict School of Languages en Guayaquil con el fin de buscar trabajo dando clases de inglés. Fue ahí que descubrí mi vocación, mi pasión por la instrucción. Poco tiempo después, con entrenamiento y horas incontables de observar la metodología de aquella institución, empecé a dar clases. Fue allí donde di mis primeros pasos como maestro de inglés. Con el tiempo, empecé a florecer como instructor al ver que mucho de la metodología no se prestaba a las realidades de la mayoría de nuestro cuerpo estudiantil. Las clases se enfocaban en la gramática y lectura. El inglés era británico a pesar de que nuestros estudiantes, en su mayoría, viajaban a los EEUU o interactuaban profesionalmente con negocios en los EEUU. El inglés conversacional con su verbaje típico norteamericano no se enseñaba. Es más, existía un prejuicio contra este tipo de inglés que sostenía que el inglés británico era superior.

Felizmente, la directora de este instituto poseía una mente innovadora y abierta. Con carácter de urgencia se fue implementando material y métodos más actualizados y más enfocados en la conversación. El inglés norteamericano empezó a hacerse más notable en el material y los alumnos testificaban de poder comunicarse mejor en sus frecuentes viajes a los EEUU. Mis años como maestro en aquella institución fueron fundamentales en desarrollar métodos exclusivamente para estudiantes hispanos. Ya que vivía en un país sudamericano, era lógico. Sin embargo, toda la capacitación y entrenamiento que recibí en esa época estaba diseñada para alumnos de todas partes del mundo. Nunca cuestioné aquella realidad hasta que me radiqué en Miami en 1994 después de contraer nupcias con el amor de mi vida. Otra historia para otro día.

Nuevos Inicios

Empezando una nueva vida en Miami, conseguí trabajo vendiendo computadoras y equipos de sonido en Sears Brand Central, Miami. No era mi vocación pero necesitaba sobrevivir de alguna manera. Frecuentemente, como han sucedido muchas cosas en mi vida, caminaba a casa después del trabajo y veía un edificio imponente que se identificaba como Instituto Cultural De Idiomas. Al pasar por ahí a diario, no podía contener la emoción de ver las aulas y los maestros. Un día me atreví a pasar a sus oficinas. Conocí al vice director, Anthony. Una persona muy agradable que me recibió con amabilidad y platicamos brevemente acerca de mi trayecto como maestro. Me invitó a llegar para hablar con la directora. Fue un encuentro providencial.

A pocas semanas, me encontraba observando clases y entrenándome en la metodología de esta institución. Me dejó impactado. Esta institución usaba imágenes y audios. La gramática venía al final de un extenso proceso de instrucción, repetición, ejercicio, conversación y lectura. Me encontré mucho más afinado con esta metodología porque su énfasis era la conversación. La lectura ocupaba segundo lugar ya que un porcentaje alto de hispanos entienden el inglés cuando lo leen. Esto ya los sabía por experiencia; el kilometraje de la experiencia no tiene precio.

En este ambiente, di clases a hispanos de todas partes: Venezuela, Argentina, Perú, Ecuador, etc. Además, di clases a personas de Japón, Rusia, Alemania, Turquía, etc. El patrón que pronto se hizo obvio es que –como maestro- yo era más efectivo con los hispanos que con alumnos de otros países. Por supuesto, aunque soy norteamericano (nacido y creado aquí), tengo raíces latinas. Mi español -cuando nos mudamos a Ecuador- había sido terrible. Había estudiado castellano en la secundaria con ayuda de maestros privados que me enseñaron cómo poner tildes y cómo comunicarme efectivamente en español; años más tarde, me dediqué a dar clases de español por un año entero (otra historia para otro día).

Impostor

Con todo, estas experiencias me mostraron que como maestro, más provecho les daba a mis alumnos latinos que a los de otros países. Inicialmente batallé con esto, me sentía inferior a otros maestros porque aún los entrenamientos y talleres de capacitación se radicaban en métodos de enseñanza para estudiantes de todo el mundo. Hoy entiendo que esto se llama el síndrome del impostor. Es real y en muchos casos es casi imposible superarlo. Sin embargo, resulta que en la vida, se le puede extraer lecciones a toda experiencia si uno se lo propone. Es cuestión de perspectiva. Otra pasión de mi vida ha sido la música. Toco guitarra desde los 10 añitos. Luego aprendí piano, batería, bajo y bueno. He tocado con grupos por casi el mismo tiempo como maestro o mejor dicho unos añito más. Hago esta mención porque a lo largo de los años, siempre buscaba ver cómo ayudar a mis alumnos a pronunciar mejor, con más facilidad y con más naturalidad.

Memoria de Músculo

Mis experiencias como músico de pronto empezaron a aflorar en mis clases. Al ver a mis alumnos luchar con pronunciaciones difíciles o tratar de retener frases más extensas me di cuenta del paralelo entre la asimilación de estructuras gramaticales y la asimilación de piezas musicales. Me di cuenta de que la experiencia era la misma. Horas de repetir una canción en CD para aprender una progresión musical o una melodía. Horas para aprender un arpegio en piano. El patrón era la repetición de movimientos hasta dejar de pensar en acordes (La menor, Mi Menor, Sol, Si7, etc.). Me di cuenta que los cifrados se parecían a la gramática y mi mente se bloqueaba de la misma manera que mis alumnos se bloqueaban con la gramática. Era necesario que alguien me lo demostrara y permitiera que pudiera repetir los movimientos, las figuraciones de los acordes, etc. En la música se denota esto con el nombre de MEMORIA DE MUSCULO. Fue un momento de epifanía. ¿Podré implementar aquello en mis clases?

¡Eureka!

Me dedique a enseñar estructuras de la misma manera y de pronto ‘Eureka’, mis alumnos ya no tenía que traducir en sus mentes. Yo les enseñaba la función de la estructura, el modelo y lo repetíamos hasta que ya lo internalizaban….como una pieza musical. De pronto, podían responder de inmediato en inglés sin pensarlo en español. Como el músico que ya se grabó un tema nuevo, la partitura se va a la basura. Glorioso. Cuando aún me desarrollaba como maestro durante mis años en Ecuador, asistí a una charla de un conferencista que usaba Jazz en sus clases para enseñar pronunciación. Años más tarde, viviendo en Miami fue otro momento de epifanía.

Habiendo logrado una mejora en el área de facilitar la asimilación de estructuras gramaticales, me dediqué a buscar una manera efectiva de enseñar pronunciación. Normalmente, en muchas instituciones, esto se ofrece en curso exclusivos de nivel intermedio a avanzado. Esto siempre ha sido un punto de contención para mí. Somos criaturas del rigor; una vez que aprendemos algo, se vuelve costumbre y se hace mucho más difícil de corregir o revertir. ¿Por qué esperar que se manifieste el problema para después tratar de corregirlo? ¿Por qué no prevenirlo en sus inicios?

¿Chasquidos y Cadencias?

De mis años como maestro en Ecuador, tuve la dicha (o desdicha) de dar clases a muchos adolescentes. Algo que me parecía curioso es que en muchos casos, los adolescentes tenían una facilidad por aprenderse aún frases más elaboradas de pronunciación. El denominador común en este caso, una vez más era la música. La mayor parte de estos chicos se memorizaban la lírica de sus artistas favoritos en inglés aun cuando no ‘hablaban’ inglés. Esto me ayudó a comprender que existe una rítmica en el inglés (realmente en todo idioma) que se asemeja mucho a la rítmica musical. Luego descubrí que esto se llama ‘Cadencia’. Y lo incorporé a mis clases desde el día 1 de nivel 1. Frases largas, les hago un conteo musical como lo haría el conductor de una orquesta con un simple chasquido de mis dedos. 1-2-3-4. Palabras y frases completas.

Es divertido ver a mis alumnos chasquear sus dedos al repetir frases extensas y ver sus expresiones cuando logran pronunciarlas perfectamente y con naturalidad. Cadencias. La música e inglés están ligadas entrañablemente y como músico sirve de prisma para todo lo que es pronunciación en mis clases. La verdad es que hoy (después de 30 años como maestro) he logrado crear una plétora de técnicas para facilitar el aprendizaje de inglés. Miles de clases con innumerables alumnos que han logrado superarse con mejores empleos y mejores situaciones de vida.

No hay mayor satisfacción que oír a un alumno celebrar una victoria personal de obtener una promoción o tener una entrevista de trabajo exitosa o ver una película en inglés y entenderla perfectamente. Hoy entiendo que no necesito ser un maestro multiuso sino uno exclusivo. Altamente especializado en el alumno latino. ¿Por qué? Porque soy latino, he estudiado el español y sé cómo piensa el latino. Comprendo la idiosincrasia del español y la mente latina. Mis 30 años dando clase a latinos y de músico y los paralelos entre estas dos disciplinas me dan una perspectiva única que hoy lo pongo a sus órdenes.

¡Mi Vocación!

Hay 59 millones de hispanos en los EEUU. 32% de los hispanos no hablan inglés. Esto representa aproximadamente 18 millones de hispanos sin inglés. El inglés para muchos, representa un cambio drástico de vida, representa superación, representa libertad. Eso me motiva. El trayecto ha sido largo e impredecible desde el día que perdí a mi papá pero sé que hoy estaría orgulloso de mí y honro su memoria con mi vocación.


Saludos,
Eric J. Dorado



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